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10 Características de un árbitro
Willy Figueroa

10 características para un árbitro exitoso en baloncesto y en cualquier otro deporte.

1. El buen árbitro es cuidadoso de su apariencia. El objetivo es estar limpio y bien presentado, sin intentar ser una estrella. El uniforme normalmente lo da la organización, pero la apariencia es responsabilidad personal por lo cual la persona se sienta orgullosa.

2. El buen árbitro es puntual. Consciente de que los entrenadores y jugadores tienen suficiente con sus pensamientos sin tener que preocuparse de cuando llegaran los árbitros al partido. Mas importante aun es el hecho de que una llegada puntual permite observar el pre-juego y ciertamente el primer momento del juego mismo. Puntualidad no significa tiempo para distracción.

3. El buen árbitro no arbitra solo. No hay dos sino tres equipos en cada juego y uno de esos es el de los árbitros. La charla pre-juego es una prioridad y también deben ser consientes del resto del equipo, la mesa de control.

El buen árbitro debe tener en cuenta que los oficiales de mesa no se puede proteger así mismos de los abusos verbales y deben apoyarlos cuando sea necesario y al final del juego también comentarles una amigable crítica constructiva en privado con el propósito de mejorar el rendimiento en el futuro.

4. Durante el juego, el buen árbitro nunca se involucra en conversaciones prolongadas con entrenadores y jugadores. Tales debates podrían terminar causando más problemas de los que se podrían evitar. Cuando sea necesario dirigirse a alguien, la conversación deber ser cortes, clara y breve.

En otro sentido, las conversaciones con el apuntador y cronometrista, deben ser más detalladas y nunca rehusadas. Los oficiales de mesa son parte del equipo y deben los árbitros proporcionarles cualquier ayuda que sea necesaria.

5. Los buenos árbitros tratan de no ser el centro de atención.

Los buenos árbitros saben que deben pasar inadvertidos en lo posible. Señales exageradas, levantar la voz, expresiones faciales o lenguaje del cuerpo que puedan incomodar a los jugadores, entrenadores y seguidores, deben ser evitados. En lugar de esto, la voz debe ser clara, seria y precisa; el pitazo debe ser agudo corto y preciso. Tener el juego detenido la más breve como sea posible, las faltas antideportivas por lo general sucede con la pelota quieta. Cuando un jugador veterano es herido en su orgullo o cuando un jugador piensa que el árbitro se ha equivocado, lo mejor es reiniciar el juego lo más rápido posible.

6. El buen árbitro sabe que cada decisión interrumpirá el juego y no deberá haber duda en esto, pues habrá al menos cinco más que no dudaran.

No todas las decisiones requieren del sonido del silbato. Muchas veces los árbitros juzgaran que una infracción sucedida no ocurrió a pesar de que los entrenadores, jugadores o seguidores piensen otra cosa, en esta situación el no pitar es realmente una forma de comunicación. No se requiere justificar cada decisión; sacudir la cabeza y un uso inapropiado de señales es muy poco deportivo.

7.  El buen árbitro no es esclavo de las reglas.

Los árbitros deben ser realistas de que cada regla refleja una filosofía consistente en cómo el juego debe ser jugado; frases como, “Mantener el ritmo”, “flujo del juego”, “Administrar el juego”, son demasiado importantes saberlas entender y definir.

8. El buen árbitro demuestra profesionalismo.

Una detención de tiempo no es para hacer lanzamientos al cesto. Puede darse si es necesario alguna conversación con el colega, pero lo fundamental es ubicarse en lugar apropiado según lo señala la mecánica y preparado mentalmente para reanudar el juego.

9. El buen árbitro es cortes, y controlado, maneja su temperamento y no pierde la paciencia con los jugadores, entrenadores o seguidores.

Su autocontrol no se debe confundir con arrogancia. El buen árbitro sabe quien es culpable y es consiente cuando la autoridad es desafiada sin necesidad de recurrir a las reglas y engañarse así mismo. El buen árbitro siempre usa las dos más importantes palabras del vocabulario del árbitro: “Por favor” y “Gracias” cuando alguien le hace el favor de retornarle el balón o prevenir un retraso del juego, nadie se equivoca con una respuesta cortes.

10. Finalmente, el buen árbitro reconoce que no es infalible.